Salís de tu casa, cabeza a gachas y las manitos en los bolsillos de tu pantalón.
Así, con un perfil bajo vas caminando por las veredas de tu ciudad querida.
Vas a paso lento, casi llegando a la esquina, vez que otro individuo –mujer o varón, no interesa- dobla desde la otra esquina para tomar la misma dirección que vos, pero a un paso más rápido, y más o menos calculas que va 50 m. más adelante que vos. Y la miras mientras te preguntas si no será alguien conocido. Llegando a la esquina siguiente, la persona parece que dobla hacia otro lado, que se perdió en otra cuadra, cuando vos pensaste que iba a seguir derecho. Contaste hasta diez y solo era la casa de esa misma esquina que te tapo la visión. Tu sexto sentido no había fallado.
Los rayos del sol se entrometen entre las casas, haciendo figuras raras –y a las que siempre le buscaste forma- en las veredas. Y miras los árboles y en lo alto atisbas como brillan las hojas verdes. Y así vas hasta que llegas a destino.
16-Dic-09
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